La industria automotriz de América Latina atraviesa una transformación profunda que combina nuevos polos de producción, reconfiguración del consumo y un giro estratégico en la comunicación de marca.
En este contexto, China emerge como un actor determinante que impulsa inversiones, nuevos modelos productivos, y también redefine la dinámica competitiva del mercado regional.
El liderazgo chino en la producción mundial es indiscutible. Con más de 27 millones de vehículos fabricados en 2024, el país duplica la producción de Estados Unidos y multiplica por cuatro la de Japón. Este poder industrial se traduce en una presencia creciente en América Latina, donde la inserción de fabricantes chinos encuentra terreno fértil en mercados de alto volumen como México y Brasil, pero también en escenarios en desarrollo como Argentina, Chile, Colombia, Perú y Ecuador.
México y Brasil se mantienen como los grandes motores de la región; el primero alcanzó los 4 millones de vehículos producidos y el segundo superó los 2,8 millones, ubicándose en el séptimo y octavo puesto del ranking global. Sin embargo, la particularidad del momento reside en el cambio de composición de la oferta. A diferencia de los ciclos previos, el crecimiento no depende exclusivamente de las terminales tradicionales de origen estadounidense, japonés o europeo, sino del ingreso acelerado de marcas chinas con propuestas tecnológicas, híbridas y eléctricas.
El impacto se refleja en las ventas de toda la región. En Brasil, los automóviles concentran el 79% del mercado, con BYD y GWM ganando terreno en la transición hacia vehículos eléctricos. En México, los SUV lideran con el 38% de participación y MG Motor se consolidó como la marca china más vendida. En Argentina, Toyota continúa al frente en el segmento de pick-ups, aunque comienzan a ingresar marcas chinas como BAIC. En Chile, los SUV representan casi la mitad de las ventas, con Great Wall entre las más destacadas. La misma tendencia se repite en Colombia, Perú y Ecuador, donde el crecimiento de marcas como Changan, Chery y Foton marca una diversificación sin precedentes.
El avance de los vehículos eléctricos e híbridos es otro de los factores que define el nuevo panorama. Los datos de 2024 muestran incrementos significativos en unidades vendidas en todos los mercados, impulsados por la disponibilidad de modelos de menor costo y por políticas de incentivo fiscal y urbano. China, principal productor mundial de baterías y componentes eléctricos, capitaliza esta oportunidad con una estrategia integral que combina financiamiento, tecnología y presencia comercial.
A la par del movimiento industrial y comercial, se consolida una transformación en la comunicación del sector. Las marcas automotrices latinoamericanas y las filiales de grupos internacionales están reorientando sus inversiones hacia entornos digitales, donde hoy se concentra la mayor parte del presupuesto publicitario. En países como Argentina y Colombia, más del 60% de la inversión ya se destina a medios online, con fuerte presencia en plataformas de video, social media y buscadores. En Chile, Perú y Ecuador la relación entre inversión digital y tradicional también se inclinó en favor de lo digital, acompañando la expansión de las campañas de performance y remarketing.
El mapa de inversión muestra además un cambio en los protagonistas. A la tradicional presencia de Chevrolet, Toyota, Ford o Volkswagen se suman marcas que hace pocos años eran marginales en la comunicación automotriz regional: MG, Chirey, GWM y BYD ya aparecen entre los principales anunciantes en digital. Esta nueva competencia comunicacional se traduce en una mayor diversidad de mensajes, formatos y estilos visuales, con estrategias que priorizan la eficiencia, la innovación tecnológica y la sostenibilidad como ejes de posicionamiento.
La inversión extranjera directa refuerza esta tendencia. El ingreso de capitales chinos se complementa con una recuperación de la inversión estadounidense y europea, lo que genera una red industrial más diversa y flexible. En Argentina, la inversión automotriz volvió a niveles positivos tras varios años de caída, con mayor presencia de proveedores asiáticos. En Colombia, Perú y Chile también se observan señales de fortalecimiento industrial, con proyectos orientados a la electrificación y la logística regional.
La transformación de la industria automotriz latinoamericana no se limita a los vehículos. Se extiende a la manera en que se produce, se comunica y se consume. China no solo ingresa con productos, sino con un modelo industrial basado en escalabilidad, innovación eléctrica y control de la cadena de valor. Frente a ello, los mercados de la región enfrentan el desafío de equilibrar la apertura a la inversión con la necesidad de fortalecer sus propias capacidades tecnológicas y de comunicación.
El informe completo profundiza en las cifras de producción, ventas, inversión y comunicación de los principales mercados de la región, y ofrece una lectura integrada sobre cómo el ingreso chino y la digitalización del consumo están moldeando una nueva etapa para la industria automotriz latinoamericana.
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