Tras años de inestabilidad macroeconómica, la clase media argentina comienza a mostrar señales de recuperación y adaptación.
En un escenario regional complejo, Argentina se destaca por su entramado urbano, educativo y cultural que permite sostener hábitos de consumo aún en contextos adversos.
Durante décadas, Argentina fue reconocida como un país de clase media fuerte, culturalmente activa y económicamente relevante. A pesar de las turbulencias de los últimos años, este grupo social sigue siendo un actor central del consumo interno y muestra hoy una capacidad de adaptación que contrasta con las dificultades de otros países de América Latina. Luego de un 2024 marcado por una inflación superior al 270% y una fuerte contracción de la demanda, 2025 ha iniciado con señales alentadoras: desaceleración de precios, leve reactivación del empleo y una reconfiguración de los hábitos de consumo que evidencian la resiliencia de los hogares.
Esta tendencia es especialmente visible si se la observa en el contexto regional. En Brasil, la clase media, que creció significativamente durante los años 2000, se ha visto debilitada por la inestabilidad política, tasas de interés elevadas y un mercado laboral aún frágil. En Chile, a pesar de que el 60% de la población se identifica como clase media, el alto endeudamiento familiar convierte al consumo en una carga financiera. En Colombia y Perú, la informalidad laboral sigue siendo un obstáculo para el desarrollo de un consumo sostenido y formalizado, y la pandemia dejó efectos persistentes que aún impactan el poder adquisitivo.
México representa una excepción en la región, con una inflación contenida y una clase media que, gracias al acceso al crédito, la estabilidad macroeconómica y las remesas, ha sostenido niveles de consumo relativamente estables. Sin embargo, también enfrenta desigualdades estructurales que limitan su alcance territorial y su consolidación como grupo homogéneo. En ese contexto, Argentina destaca por su entramado educativo, urbano y cultural que permite mantener prácticas de consumo formales y sostenidas incluso en condiciones económicas adversas.
En el país, los hogares de clase media han priorizado el consumo estratégico en rubros como educación, conectividad, salud y mejoras del hogar. Además, se observa un leve repunte en las ventas de bienes durables y un aumento de la actividad en el turismo interno. La bancarización, la digitalización y la red comercial tradicional siguen funcionando como soportes para sostener el consumo cotidiano, incluso cuando los ingresos reales atraviesan momentos de ajuste.
A diferencia de otros países de la región donde la clase media ha emergido de forma más reciente y con mayor vulnerabilidad, en Argentina este grupo tiene raíces más profundas y un comportamiento más consolidado. Esto permite una recuperación más rápida cuando se estabilizan las variables macroeconómicas. La expectativa de una baja progresiva de la inflación, el control fiscal y una posible mejora en el poder de compra configuran un escenario en el que la clase media puede volver a ocupar un lugar clave en la recuperación económica.
Mientras buena parte de América Latina enfrenta presiones inflacionarias, desigualdades estructurales o estancamiento del consumo, Argentina comienza a mostrar signos de recuperación impulsados por una clase media resiliente. Aun en condiciones difíciles, conserva una de las estructuras sociales más cohesionadas y con mayor potencial de la región. Si las condiciones macroeconómicas se consolidan, el consumo interno puede convertirse nuevamente en uno de los motores del crecimiento.
Agencia Quiroga

